Su autor P.V.Debrigode, firmando como Arnaldo Visconti, esta vez actuando fuera de la disciplina de Bruguera, demuestra su madurez y su dominio de la técnica narrativa, muy por encima de lo habitual en este tipo de publicaciones.
Según escribe Alfredo Jiménez, en un interesante ensayo sobre Pabellón Negro, publicado en nuestra revista Barsoom, la difusión de la serie no hizo justicia a la calidad de la misma, quizás por la escasa tirada y los inferiores medios de distribución de Toray con respecto a Bruguera.
La ficha técnica de la colección, es como sigue:
Título: PABELLÓN NEGRO.
Editor: Ediciones Toray.
Nº de ejemplares: 8.
Fecha aparición: 1950.
Fecha desaparición: 1950.
Formato: 10,5 x 16 cm.
Precio: 5 Ptas.
Nº de páginas: 125 a 128.
Género: Piratas.
Autor: Arnaldo Visconti (Pedro Víctor Debrigode).
Portadista: Longaron.
Ilustrador: Longaron.
Personajes: Diferentes en cada novela.
Aquí van las portadas y una nota mínima, de cada novela, tomada del citado ensayo de Alfredo Jiménez.

Donde Stenka Razin se levanta en armas para vengar la
muerte de sus hermanos y organiza una revuelta contra
quienes pretenden usurpar el trono de todas las Rusias.

Un joven pescador se ve envuelto en una intriga que lo llevará a prisión, primero, y a convertirse en un fuera de la ley, más tarde.

Nos describe las andanzas de un joven injustamente
condenado a galeras y sus hazañas posteriores
allende los mares del Sur.

Es la historia de una expiación: la de un pirata con arrebatos patrióticos.

Narra un trasunto de la expedición a Eldorado, pero con las costas Canarias sustituyendo a las selvas ecuatoriales.

Es la traslación del bosque de Sherwood a los incomensurables territorios del Canadá; el relato de las primeras sublevaciones independentistas es sólo la excusa para presentarnos a un émulo de Robin Hood.

Relata la caída y posterior auge de un campesino, con la fuga obligada hacia tierras exóticas para eludir las rejas, el periplo por las álgidas e inexploradas tierras canadienses y el retorno del héroe a la madre patria, a tiempo para convertirse en el salvador de sus antiguos adversarios.

Es una revisión de Los Tres Mosqueteros, con un D’Artagnan femenino de incógnito, tan astuto como el de la Gascuña que le sirvió de modelo, y un malhechor con debilidades donjuanescas que se arrepiente en el instante propicio.